La protección de la privacidad en Internet como una oportunidad para los educadores

Existen diferentes problemáticas emergentes en esta suerte de invasión abrumadora de las nuevas tecnologías en el hogar, la escuela y la vida misma. Una de las más preocupantes es la referida a la cuestión de la seguridad de los datos personales: cuáles son los riesgos potenciales y cuál es el destino final de todo lo que publica el usuario de diferentes redes sociales.

En los últimos tiempos estamos asistiendo a una invasión de la privacidad en las redes sociales. Los usuarios de distintos servicios en Internet van dejando una estela de información a su paso, que es utilizada indiscriminadamente por parte de particulares y empresas «1». Personas son investigadas y aun discriminadas por el sólo hecho de quedar registro de sus actividades en una base de datos. Porque internet no olvida.

A pesar del carácter comercial que suele atribuírsele a las campañas de las empresas -de seguridad, de antivirus, educativas, etc.- en este tópico, son sin embargo importantes por su función de alertar sobre riesgos ciertos. Pero se hace necesario reconocer que en los asuntos de la seguridad en Internet la cuestión más crucial es la necesidad de hacer docencia. Esto es, dotar a los usuarios de elementos que les permitan efectuar un uso criterioso y seguro de la red, sin exponer su privacidad al publicar información sensible.

Sin embargo, es importante destacar que es imprescindible que toda esta discusión no empañe la revolución fenomenal que representa Internet para la comunicación entre las personas. Estas mismas líneas, ¿tendrían el alcance que hace posible internet? Es poco probable. A lo sumo estarían restringidas a un grupo limitado de lectores cercanos. En cambio, están publicadas a la vista de todos y sin restricciones ni censura, sólo condicionadas por la capacidad del autor de expresar el mensaje.

Esta cualidad es inherente a la naturaleza misma del medio. El control entonces de lo que se ve, se lee y aun se publica en Internet se trasfiere al lector/observador. Es por esa razón que el lector/receptor debe ser educado para el intercambio, la lectura, la crítica, la ponderación, el análisis y aun el desenmascaramiento, llegado el caso. Pero no siempre esto es posible con el emisor/generador de contenidos.

 

Las omisiones de Facebook, un riesgo latente

En febrero de 2015, junto a colegas y contactos en Facebook comenzamos a denunciar una página en esa red social que habría recolectado y exhibido fotos de menores. La respuesta fue que para Facebook la mencionada página no infringía sus “normas comunitarias”«2». Sin embargo, la gran cantidad de usuarios enfadados que publicaban sus quejas y repudios en la esa página, podía ser considerada como una demostración de que las imágenes que se mostraban indignaban a muchos. Pero no a Facebook.

En las mencionadas normas comunitarias de la red social sólo se hace referencia directa a los menores en un párrafo que dice: “La política de Facebook prohíbe terminantemente que se comparta contenido pornográfico o cualquier otro contenido sexual en el que esté implicado un menor.”

Esto significaría, en una primera lectura, que la infracción debe ser flagrante, explícita y directa, lo que implicaría que cualquier forma sutil o solapada de abuso o intento de él no sería tenido en cuenta.

Facebook bloquea y elimina fotos y aun perfiles con un criterio difícil de comprender. El adecuado criterio que utiliza para eliminar fotos de desnudos o violencia parecería no aplicarse a temáticas que requieran de inteligencia o perspicacia a la hora de observar y evaluar. Si esa tendencia a la literalidad no constituyera por sí misma una limitación importante, queda la evidencia de la gran cantidad de denuncias que fueron hechas. ¿No alcanza eso para que consideren importante detenerse y evaluar con mayor profundidad la cuestión? Parecería que Facebook elimina velozmente aquello que ve, pero tendría enormes dificultades para leer entre líneas y ver qué hay detrás de aquello que están mirando.

Si para Facebook no existieran grados o sutilezas para este delito, como parecería desprenderse del texto de las normas comunitarias, se trataría de una omisión que como tal se convierte en un riesgo latente para cualquier niño.

Esta oportunidad que se presenta para el educador, incluye entonces la de preparar individuos capaces de comunicarse, de emitir y recibir críticamente información para su propio provecho y cuidado, estando advertido y rechazando aquella potencialmente nociva sin esperar que alguien más lo haga.

Ciudadanos digitales que no olvidan que internet no olvida

En esta cultura digital en que estamos inmersos, sin dudas el verdadero desafío del educador es el de colaborar en la construcción de una identidad, ya no como usuarios y tampoco como consumidores, sino como ciudadanos en la cultura digital en forma segura.

Cuando hablamos de una internet que no olvida, hacemos referencia al rastro que como usuarios de los distintos servicios vamos dejando en nuestras actividades en la red, como una larga estela que no se borra. No hablamos, claro, de conductas delictivas o ilegales -que se resuelven en los terrenos de la Justicia- sino a conductas lícitas pero fuera de norma, por así llamarlas: una foto inconveniente en Facebook, un tweet criticando al jefe o un comentario inadecuado en un foro, por citar sólo algunos ejemplos.

Actitudes que no son extrañas en el ámbito de lo privado, en Internet toman un auge y un alcance que sale de la posibilidad de control del emisor. Puede que se arrepienta a futuro por su propia ingenuidad.

Es por ello que el ciudadano digital necesita desarrollar y definir su identidad digital personal, un atributo que se explica como “la habilidad de gestionar con éxito la propia visibilidad, reputación y privacidad en la red como un componente inseparable y fundamental del conjunto de habilidades informacionales y digitales, las cuales se han convertido en fundamentales para vivir en la sociedad informacional”. «3»

No alentando el miedo sino a estar despiertos a la hora de publicar, necesitamos proteger a nuestros chicos enseñándoles que esa ciudadanía se construye «4». En el aula hay mucho para proponer, desafiar, aprovechar creativamente. Se requerirá en todo caso una disposición a un trabajo creativo que propicie aprendizajes significativos para el mundo digital que ya les pertenece.

 

Por Enrique Quagliano – www.apunteseideas.com

Créditos imagen: TransCam, Internet. Fuente: Flickr.


1. El 48% de los directores de Recursos Humanos utiliza las redes sociales como referencia para seleccionar futuros empleados. De ese porcentaje, el 53% admite que la información que ha visto en las redes le ha llevado a rechazar un postulante en más de una oportunidad. Link a la noticia

2. Normas comunitarias de Facebook: link

3. La cuestión de la identidad digital se trata muy ampliamente en “La gestión de la identidad digital: una nueva habilidad informacional y digital”, por Aina Giones-Valls y Marta Serrat-Brustenga. Link

4. Podcast: “Nuestros niños están muy solos en internet” Link

 

 

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